|

La formación diamante: uno de los mayores mitos de la Protección Ejecutiva

Ivan IvanovichIvan Ivanovich
La formación diamante: uno de los mayores mitos de la Protección Ejecutiva

Durante décadas, la formación diamante ha sido una de las prácticas más representativas de la Protección Ejecutiva. Prácticamente no existe curso básico donde no sea enseñada, ni exhibición profesional donde no aparezca un grupo de escoltas caminando alrededor de una persona, cubriendo teóricamente todos sus ángulos.

Su imagen es poderosa. Cuatro o más agentes rodeando al ejecutivo transmiten disciplina, coordinación y control. Para el público, e incluso para muchos profesionales, esta formación representa la máxima expresión de seguridad cercana.

Banner Publicidad 1

Sin embargo, una cosa es lo que una técnica aparenta y otra muy diferente es lo que realmente logra en condiciones operativas.

El 28 de septiembre de 2012, el entonces presidente de la República Checa, Václav Klaus, participaba en la inauguración de un puente en la ciudad de Chrastava. Mientras caminaba entre asistentes, un hombre logró aproximarse hasta quedar prácticamente junto a él y le disparó siete veces a quemarropa con una pistola de airsoft.

Los escoltas estaban presentes. Rodeaban al presidente y caminaban a escasos centímetros de distancia. A pesar de ello, el atacante consiguió introducirse en el dispositivo, sacar el arma, realizar siete disparos y retirarse caminando antes de que el equipo comprendiera completamente lo que acababa de ocurrir.

Klaus sufrió solamente lesiones menores porque el arma no era real. Si el agresor hubiera utilizado una pistola verdadera, lo más probable es que el presidente hubiera muerto.

Este incidente no demuestra que los escoltas fueran cobardes ni que carecieran de condición física. Tampoco demuestra necesariamente que no conocieran la formación que estaban realizando. Al contrario: el equipo estaba aplicando una de las técnicas más enseñadas y aceptadas en nuestra profesión.

El problema es precisamente ése.

La formación estaba presente, pero no pudo impedir que el atacante alcanzara la distancia necesaria para realizar el ataque.

El caso de Václav Klaus podría ser considerado solamente una falla particular si no existieran numerosos antecedentes semejantes. Sin embargo, la historia de la Protección Ejecutiva está llena de personas atacadas o asesinadas mientras se encontraban rodeadas por escoltas.

Luis Donaldo Colosio fue asesinado en 1994 mientras avanzaba entre una multitud después de un acto político en Lomas Taurinas. La densidad de personas anuló cualquier posibilidad real de mantener una burbuja de protección, observar las manos o controlar la aproximación del agresor. El atacante no tuvo que derrotar al dispositivo: solamente tuvo que confundirse con el público y esperar hasta encontrarse a una distancia de contacto.

Yitzhak Rabin fue asesinado en 1995 cuando caminaba hacia su vehículo después de un mitin en Tel Aviv. Contaba con agentes protegiendo su frente, su espalda y ambos costados. No obstante, Yigal Amir permaneció en las inmediaciones de la ruta de salida y pudo dispararle por detrás. Una investigación oficial israelí concluyó posteriormente que el servicio de seguridad había expuesto al primer ministro a riesgos graves y que no había respondido adecuadamente a las amenazas existentes.

Jair Bolsonaro fue apuñalado en 2018 mientras era cargado por simpatizantes y se encontraba rodeado por numerosos agentes. La cantidad de personal no evitó que un individuo mezclado con la multitud llegara hasta una distancia desde la cual solamente necesitó extender el brazo para atacar.

Banner Publicidad 2

Cristina Fernández de Kirchner se encontraba igualmente rodeada por agentes y simpatizantes cuando un hombre consiguió colocar una pistola a centímetros de su cabeza y accionar el gatillo. El arma falló. La supervivencia de la protegida se debió a una falla mecánica, no a que el dispositivo hubiera evitado el ataque.

Robert Fico se acercó en 2024 a un grupo de ciudadanos colocado detrás de una barrera. La barrera organizaba al público, pero no mantenía una distancia suficiente entre éste y el primer ministro. El atacante se encontraba entre los asistentes, sacó el arma y disparó varias veces antes de que los escoltas pudieran impedirlo.

Shinzo Abe fue atacado durante un acto público mientras su equipo se encontraba en las inmediaciones. El agresor pudo aproximarse por la parte posterior y realizar un primer disparo. Entre éste y el segundo hubo tiempo suficiente para que el protegido volteara hacia el atacante, pero no para que el dispositivo lo sacara de la línea de fuego.

En 2025, el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, fue asesinado durante un evento público del Día de Muertos. Estaba protegido por escoltas propios y por elementos adicionales de la Guardia Nacional, pero un adolescente armado consiguió aproximarse entre los asistentes y dispararle. Posteriormente, varios integrantes de su equipo de seguridad fueron detenidos como parte de la investigación. Una vez más, la cantidad de agentes no evitó que el agresor llegara hasta el protegido.

Estos son solo algunos de muchos ejemplos semejantes.

Estos casos ocurrieron en países distintos, en épocas diferentes y con equipos de seguridad de muy diversos niveles. Algunos protegidos sobrevivieron; otros murieron. Sin embargo, todos comparten un elemento fundamental: el atacante consiguió aproximarse lo suficiente para ejecutar su acción antes de ser identificado e intervenido.

La formación diamante parte de la idea de que los agentes colocados alrededor del protegido podrán reconocer el ataque, interponerse, reaccionar y evacuar. Pero, cuando el agresor se encuentra dentro de una multitud, la iniciativa le pertenece por completo.

El agresor selecciona el momento, conoce el arma que utilizará, sabe aproximadamente dónde se encuentra el protegido y puede iniciar su movimiento sin previo aviso. El agente, por el contrario, debe observar simultáneamente a decenas o cientos de personas, interpretar comportamientos ambiguos, distinguir una aproximación normal de una hostil y tomar una decisión en fracciones de segundo.

Cuando aparece el arma, muchas veces ya es demasiado tarde.

No estoy diciendo que la formación diamante deba desaparecer por completo ni que carezca de cualquier utilidad. Puede ayudar a organizar el desplazamiento, asignar sectores de observación, reducir contactos accidentales y facilitar una eventual evacuación. El problema comienza cuando se convierte en el centro del dispositivo y se presenta como una solución suficiente para proteger al ejecutivo dentro de una multitud.

La historia y los hechos demuestran que no lo es.

Banner Publicidad 3

Al igual que ocurre con las armas de fuego y con la disuasión, la formación diamante ha sido sobreestimada porque es visible, fácil de enseñar y produce una sensación inmediata de seguridad. Es mucho más sencillo mostrar a cuatro personas caminando alrededor de un protegido que explicar un sistema completo de inteligencia, análisis de amenazas, contravigilancia, gestión de línea base y alerta temprana.

Además, la formación luce bien durante una práctica. Los agentes conocen quién realizará el ataque, desde dónde aparecerá y qué tipo de movimiento deberán ejecutar. En esas condiciones controladas, el protector intercepta al agresor, cubre al ejecutivo y lo evacua de manera impecable.

La realidad no funciona de esa manera.

En una situación verdadera, el atacante no levanta la mano antes de actuar. No utiliza necesariamente ropa distinta. No se mueve siempre de forma evidentemente sospechosa y tampoco inicia su acción desde varios metros de distancia. Puede aparentar ser un simpatizante, un periodista, un empleado, un policía o simplemente una persona más dentro del público.

Un atentado dura unos cuantos segundos, pero su preparación puede requerir días, semanas o meses. El agresor debe estudiar rutinas, observar desplazamientos, identificar vulnerabilidades, seleccionar el lugar y encontrar una oportunidad. Es durante esta fase cuando todavía existen posibilidades reales de detectarlo y neutralizar su operación lejos del protegido.

La contravigilancia permite identificar la observación hostil durante las etapas de preparación. El agente sombra puede mantenerse separado del dispositivo visible, conservar una perspectiva más amplia y detectar personas o comportamientos que pasan inadvertidos para quienes se encuentran pegados al ejecutivo. La gestión de la línea base permite comprender qué es normal en determinado ambiente y reconocer aquello que se aparta de ese patrón. La detección y la intervención temprana permiten actuar antes de que el individuo llegue a la distancia desde donde puede causar daño, ya que este individuo ya fue detectado en las horas y días previos con las mediciones anteriormente mencionadas.

Un operativo fuerte no siempre es un operativo eficaz.

La protección real no consiste en colocar más personas alrededor del protegido. Consiste en detectar antes, comprender antes e intervenir antes. Solo así podremos hacer que nuestra profesión sea cada vez más segura, tanto para los protegidos como para los protectores.

Banner Publicidad 4
¡Contáctanos!