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La rutina más peligrosa puede ser la del equipo de protección

Ivan IvanovichIvan Ivanovich
La rutina más peligrosa puede ser la del equipo de protección

Durante años hemos repetido dentro de la Protección Ejecutiva que el protegido debe cambiar sus rutinas.

No utilizar siempre las mismas rutas, modificar horarios, evitar frecuentar los mismos lugares y procurar que sus movimientos sean menos predecibles.

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Técnicamente tiene sentido. El problema es que, en la vida real, muchas veces es poco practicable.

Los ejecutivos que protegemos suelen ser personas muy estructuradas. Tienen horarios, reuniones, entrenamientos, compromisos familiares y agendas cuidadosamente organizadas. En gran medida, esa estructura forma parte precisamente de aquello que les permitió alcanzar el nivel profesional que tienen.

Pedirles que vivan permanentemente alterando sus rutinas puede terminar siendo poco realista y, además, afectar innecesariamente su manera de trabajar y vivir.

Por supuesto, cuando existe una amenaza concreta o detectamos una vulnerabilidad específica, determinadas rutinas deben modificarse. Pero quizá hemos puesto demasiado énfasis en cambiar los hábitos del protegido y muy poco en observar los nuestros.

Porque existe otra rutina sobre la cual sí tenemos control prácticamente absoluto: la rutina del dispositivo de protección.

  • El vehículo principal sale y el carro escolta siempre se coloca detrás.
  • Los mismos agentes ocupan las mismas posiciones.
  • El mismo elemento abre la puerta.
  • Los agentes realizan prácticamente los mismos movimientos en cada llegada y cada salida.

Todos son visibles, todos permanecen cerca del protegido. Repetimos esta secuencia día tras día.

Para nosotros puede representar disciplina y procedimientos establecidos. Para alguien que observa el operativo puede convertirse rápidamente en información.

Después de algunos días puede identificar quién hace qué, cuál es el vehículo escolta, dónde se coloca cada agente, cómo reaccionamos ante determinados movimientos y cuál será probablemente nuestra siguiente acción.

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El problema entonces ya no es solamente que conozcan la rutina del ejecutivo. Conocen nuestra rutina. Incluso si el ejecutivo cambia su rutina, nuestra rutina operativa va a permanecer igual.

Y una protección predecible puede ser estudiada exactamente igual que un protegido predecible. Esto no significa improvisar ni abandonar procedimientos. Todo lo contrario.

Los procedimientos tienen que estar perfectamente establecidos, pero debemos contar con diferentes alternativas previamente entrenadas que permitan modificar la manera en que utilizamos nuestros recursos sin perder coordinación.

El carro escolta no necesariamente tiene que estar siempre atrás. Puede encontrarse adelante, separado o preposicionado.

Los agentes no necesariamente tienen que ocupar siempre las mismas posiciones. No todos nuestros recursos tienen que ser visibles.

Sobre esta figura hablo en este video:

Podemos variar quién recibe al protegido, quién se adelanta, quién hace la alerta temprana, quién permanece discretamente dentro del ambiente o desde qué posición observamos una llegada, cómo y cuándo se implementa la contravigilancia, etc.

La clave está en generar variabilidad controlada.

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Nuestro dispositivo puede ser perfectamente disciplinado internamente y, al mismo tiempo, mucho menos fácil de leer desde afuera.

Antes de pedir nuevamente al ejecutivo que cambie su gimnasio, sus horarios o su restaurante favorito, quizá deberíamos observar durante algunos días nuestra propia operación.

Podríamos descubrir que somos nosotros quienes salimos siempre de la misma manera, ocupamos las mismas posiciones y repetimos exactamente los mismos movimientos.

Y entonces empezar a introducir alternativas: vehículo de apoyo en diferentes posiciones, agentes sombra, elementos adelantados, alerta temprana, recursos discretos o una patrulla trabajando separada del protegido. No tenemos el control sobre las rutinas del ejecutivo, pero tenemos el control absoluto de nuestras propias rutinas.

El ejecutivo probablemente seguirá teniendo sus rutinas. Nos gustaría poder modificarlas y, cuando sea posible, debemos hacerlo, pero sabemos que en la mayoría de los casos esto tiene límites muy claros.

Pero si nosotros modificamos nuestras rutinas operativas, podemos reducir significativamente las vulnerabilidades derivadas de la rutina del propio ejecutivo.

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