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PROTECCIÓN EJECUTIVA

Sorpresa estratégica: que el sorprendido sea el atacante

Durante décadas hemos entrenado fundamentalmente para responder después de perder la iniciativa.

Sorpresa estratégica: que el sorprendido sea el atacante
Ivan Ivanovich

Ivan Ivanovich

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Uno de los problemas fundamentales de la Protección Ejecutiva tradicional es que hemos aceptado prácticamente como inevitable que el atacante tenga la iniciativa y que nuestra responsabilidad sea reaccionar correctamente cuando se produzca la agresión. Gran parte de nuestra capacitación está construida precisamente alrededor de esta idea: desenfundar rápidamente, cubrir al protegido, evacuarlo, responder al fuego o ejecutar alguna maniobra vehicular una vez que el ataque ya comenzó.

El problema de este modelo es que coloca desde el principio al equipo de protección en una enorme desventaja. El agresor selecciona el lugar, estudia los movimientos del protegido, escoge el momento y sabe exactamente cuándo va a iniciar su acción, mientras que nosotros tenemos que identificar lo que está ocurriendo y responder correctamente en apenas unos segundos. Como lo hemos señalado muchas veces, independientemente de nuestro nivel de entrenamiento, resulta poco razonable construir una profesión tan importante alrededor de nuestra capacidad para resolver correctamente una situación después de haber sido sorprendidos.

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Resulta poco razonable construir una profesión tan importante alrededor de nuestra capacidad para resolver correctamente una situación después de haber sido sorprendidos.

Por eso deberíamos introducir con mayor claridad dentro de la Protección Ejecutiva el concepto de sorpresa estratégica, cuyo objetivo es tratar de invertir esta relación y procurar que, en lugar de esperar a ser sorprendidos por el atacante, seamos nosotros quienes podamos sorprenderlo durante la preparación de su acción.

Puntos clave

El agresor escoge el lugar y el momento

Nosotros tenemos que identificar lo que está ocurriendo y responder correctamente en apenas unos segundos.

Un atentado dura segundos; su preparación no

Los agresores necesitan obtener información, observar al protegido, identificar vulnerabilidades y posicionarse.

La contravigilancia invierte la ventaja

Mientras creen que observan discretamente al ejecutivo, un equipo correctamente estructurado puede estar observándolos a ellos.

La reacción es la última oportunidad

Después de que todas las demás medidas hayan fallado, y no el fundamento principal de nuestra protección.

Tenemos una ventaja importante para lograrlo. Un atentado puede durar solamente unos segundos, pero su preparación normalmente requiere mucho más tiempo. Los agresores necesitan obtener información, observar al protegido, conocer sus movimientos, identificar vulnerabilidades y finalmente posicionarse en algún lugar para esperar el momento adecuado. Durante este proceso todavía no están atacando y, precisamente por ello, tenemos mejores condiciones para detectarlos e intervenir.

La contravigilancia es probablemente el ejemplo más claro. Mientras los delincuentes creen que están observando discretamente al ejecutivo para preparar una agresión, un equipo correctamente estructurado puede estar observándolos a ellos. Si logramos detectar esta vigilancia hostil durante los días o semanas anteriores al ataque, la ventaja cambia completamente de lado: ya no somos nosotros quienes esperamos descubrir al agresor cuando aparece con un arma frente al protegido, sino que son ellos quienes pueden descubrir demasiado tarde que su operación fue detectada.

Lo mismo sucede en una escala de tiempo mucho más corta con la alerta temprana. Si conocemos una costura o un punto particularmente vulnerable, no tenemos por qué llegar todos juntos con el ejecutivo y descubrir allí lo que los atacantes prepararon. Podemos adelantar un agente, una patrulla o inclusive utilizar de manera diferente el mismo vehículo escolta para revisar ese punto minutos antes. Si encontramos una anomalía, simplemente evitamos llevar al protegido hacia el problema.

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También podemos producir sorpresa estratégica utilizando agentes sombra, recursos preposicionados y elementos que no sean fácilmente identificables como parte del dispositivo. La protección tradicional suele mostrar prácticamente todos sus recursos: los agentes son visibles, el vehículo escolta es evidente y las posiciones se repiten. Después de cierto tiempo de observación, los delincuentes pueden tener una idea bastante clara de cómo funciona nuestra seguridad. Un sistema más inteligente debería permitirles ver solamente una parte de nuestra capacidad mientras mantiene otros recursos fuera de su conocimiento.

Esto no significa improvisar ni realizar movimientos arbitrarios. Al contrario, requiere una mejor planeación, conocimiento de las rutas y costuras, coordinación entre los agentes y diferentes alternativas operativas previamente preparadas. La diferencia es que nuestros procedimientos deben ser perfectamente claros para nosotros sin necesidad de ser igualmente claros para quien nos está observando.

Nuestros procedimientos deben ser perfectamente claros para nosotros sin necesidad de ser igualmente claros para quien nos está observando.

Por supuesto que siempre tendremos que mantener una capacidad de reacción. Ninguna medida preventiva puede garantizar que detectaremos todas las amenazas antes de que lleguen hasta el protegido. Sin embargo, la reacción debería representar nuestra última oportunidad después de que todas las demás medidas hayan fallado y no convertirse, como ocurre todavía con demasiada frecuencia, en el fundamento principal de nuestra protección.

Durante décadas hemos entrenado fundamentalmente para responder después de perder la iniciativa. La sorpresa estratégica propone algo mucho más lógico: utilizar inteligencia, contravigilancia, alerta temprana y recursos discretos para intentar conservarla desde el principio.

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Si sabemos que los delincuentes necesitan observar, preparar y esperar para poder atacarnos, no existe ninguna razón para entregarles tranquilamente todo ese tiempo y después demostrar qué tan rápido somos capaces de reaccionar.

Quizá llegó el momento de cambiar las reglas del juego y procurar que, cuando el atacante piense que finalmente está listo para sorprendernos, descubra que nosotros ya lo habíamos detectado.

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