Tres pasos para frustrar un ataque

Las agresiones perpetradas en contra de los ejecutivos por los delincuentes profesionales implican un proceso de preparación relativamente largo. Este incluye varias fases, tales como: recolección de información sobre la víctima, observación y seguimiento de la misma, la elección del lugar adecuado para el ataque, posicionamientos específicos y la planificación del tiempo (minutos y horas) antes de la agresión.

A continuación, compartimos tres pasos para cortar el ataque antes de que suceda.

Contravigilancia.

El ataque en contra de un ejecutivo dura solo unos instantes, pero su preparación implica tanto la observación como un seguimiento prolongado de las actividades de la víctima, el cual puede durar meses. La contravigilancia detecta y desactiva el ataque en esta fase temprana de observación, pero sin exponer al protegido a los riesgos y a la incertidumbre que implica la reacción.

Control de las “costuras”.

En el argot de la protección ejecutiva llamamos costuras a las exposiciones del ejecutivo en ambientes no controlados de mayor riesgo. Por ejemplo, los pasos que el ejecutivo tiene que dar al salir de un edificio para entrar a su vehículo representan una costura. Una gran cantidad de ataques, atentados y magnicidios se han dado a lo largo del mundo durante las costuras, desde atentado en contra de Ronald Reagan en los ochenta hasta el reciente asesinato del empresario mexicano Martín Rodríguez. Mediante la planeación y comunicación con el ejecutivo, las costuras deberán ser eliminadas a través de salidas y entradas que no generen exposición, siendo estas recortadas, reduciendo la longitud y el tiempo en la costura, o bien tendrán que estar reforzadas con el uso de agentes de protección.

Intervención y alerta temprana.

Si todo lo anterior falla, tendremos que responder a la fase final en la preparación del ataque. En esta fase los agresores se posicionan en un punto previamente seleccionado desde donde la víctima es vulnerable. Este punto implica una exposición, paso obligado para el ejecutivo, un “punto de ahogo”, pero a la vez será de fácil huida para los delincuentes.

Las operaciones de alerta temprana detectan estos puntos de riesgo y los intervienen con anticipación, descubriendo a los agresores en su fase de espera, lo cual pone en alerta al equipo de protección y evita que el ejecutivo entre en la trampa, desactivando así el ataque minutos antes de que ocurra.

Estos tres pasos reducen significativamente los riesgos, haciendo de la protección ejecutiva una profesión cada vez más segura tanto para los protegidos como para sus protectores.