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Executive Protection Academy

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Ocho lecciones extraídas del asesinato de Fernando Villavicencio

Fernando Villavicencio, aspirante a la presidencia de Ecuador, encontró su trágico final el miércoles 9 de agosto a las 18:20 horas locales, tras un acto de campaña llevado a cabo en el colegio Anderson de Quito.

Inmediatamente antes de abordar su vehículo, flanqueado por escoltas adscritos a la Policía Nacional, Villavicencio, un periodista de 59 años, fue mortalmente herido por disparos. Sus agresores desataron una lluvia de al menos 40 balas, y sus protectores no tuvieron oportunidad de salvaguardarlo. Este suceso reitera la urgencia de abordar la crisis conceptual y operativa que afecta a la Protección Ejecutiva a nivel mundial.

A pesar de la falta de información para realizar un análisis completo, podemos extraer al menos ocho lecciones de este luctuoso incidente:

1. Un operativo basado en acompañantes armados que esperan para reaccionar es fatal.

2. Los policías no son adecuados para proveer protección ejecutiva a menos que hayan recibido formación especializada. La labor policial o militar y la protección ejecutiva son profesiones distintas, y aunque algunas competencias pueden ser útiles en ambas, la Protección Ejecutiva es una profesión única con una metodología y doctrina propia que requiere una formación altamente especializada. Incluir a policías en este operativo sin la capacitación adecuada fue una improvisación peligrosa.

3. Las armas son muy efectivas para atacar a un ejecutivo, pero prácticamente ineficaces para su defensa. Aunque se argumente que, dado que las armas de fuego se utilizan en casi todos los ataques, son indispensables para la defensa, los hechos no respaldan esta afirmación, tal como se demostró una vez más en este atentado. Además, en un estudio de 132 ataques a prominentes figuras públicas en más de 60 países durante los últimos 123 años, las armas de fuego sólo fueron efectivas para defender a los ejecutivos en el 3.79% de los casos. https://ivanivanovich.com/armas-de-fuego-en-la-proteccion-ejecutiva/ 

4. “Las costuras” siguen siendo los puntos más críticos en una operación de protección ejecutiva y deben ser planeadas y realizadas con la máxima atención. Las costuras son los momentos en los que una persona está más expuesta a un ambiente de mayor riesgo, generalmente al salir o antes de entrar a un vehículo. Son los escenarios donde ocurre la gran mayoría de los ataques. Lo hemos analizado con más detalles en este video:

5. Los vehículos blindados son esenciales para reducir los riesgos a los ejecutivos. Estas unidades reducen los riesgos en traslados y pueden proporcionar refugio y evacuación en momentos críticos. Uno de los factores clave que salvó la vida del Presidente Reagan durante el atentado de 1980 fue la presencia de un vehículo blindado.

6. Si se identifican los grupos que ponen en peligro al ejecutivo (como fue el caso), la inteligencia sobre estos grupos es fundamental para prevenir el ataque. Esta medida, y no las armas, podría haber salvado la vida del candidato.

7. No se puede combatir una amenaza no convencional con medios convencionales. Los atacantes se camuflaron en la multitud, mientras que los protectores eran fácilmente identificables incluso con uniformes de policía, convirtiéndose en blancos fáciles. En los eventos públicos la aplicación de los agentes sombra dentro de la multitud es esencial para reducir los riesgos como lo expliqué en este video:

8. El concepto de protección cercana es ineficaz y peligroso, ya que cuando llega el momento de proteger de cerca, todo está perdido. Se debería haber implementado la contravigilancia para detectar las actividades hostiles con anticipación y se deberían haber definido los lugares desde donde actuarían los posibles agresores alrededor de las “costuras” para monitorear estas zonas con anticipación, alertar y sorprender a los agresores- en lugar de solamente confiarse en la reacción que resultó, como casi siempre- inefectiva. Por esto urge cambiar el concepto de protección de cerca por la protección anticipada.

La protección ejecutiva que vemos en las películas es efectiva solo si no ocurre nada, pero se derrumba como un castillo de naipes ante cualquier situación real. Por tanto, es fundamental cambiar la forma en que concebimos y operamos nuestra profesión para que sea más segura tanto para los protegidos como para los protectores.

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