Seguridad

El director de seguridad, factor clave en la protección ejecutiva

La protección ejecutiva sufre una prolongada crisis conceptual. Los esquemas tradicionales se han mostrado ineficientes ante la violencia en América Latina y los cambios sociales provocados por la revolución digital. Esta crisis ha generado muchos muertos y heridos entre los protegidos y protectores, además de muchos escándalos y problemas de imagen para varios ejecutivos, como consecuencia del actuar de sus escoltas, expuesto en las redes sociales.

Ante esta situación, muchos analistas han destacado la falta de entrenamiento de los protectores, su mala selección y formación, además de la falta de recursos, considerando que son los escoltas, sus acciones y omisiones, la raíz del problema, y que, por ende, son los mismos escoltas el factor clave para resolver el problema. Nada más alejado de la verdad. Si bien es cierto que las consecuencias de la crisis de la protección ejecutiva se manifiestan en última instancia en los protectores, la solución no recae en ellos, ni tampoco en los protegidos; existe otro factor crucial en esta ecuación.

Este factor es el director de seguridad. Él o ella es la única persona que realmente puede poner fin a la crisis y transformar esta profesión, pues tiene autoridad sobre los escoltas y sus jefes; define el operativo a implementar; decide sobre los proveedores y el tipo de capacitación que se va a impartir; tiene contacto constantemente con los ejecutivos, en los cuales, si es hábil, puede influir. De esta forma, es la única persona capaz de generar los cambios que nuestra profesión necesita.

Sin embargo, aquí se presenta un problema. A pesar de que entre los directores corporativos de seguridad tenemos grandes especialistas en protección ejecutiva, esta actividad, por lo general, no es la favorita para la mayoría de los CSO. Los directivos de seguridad desempeñan una gran cantidad de responsabilidades, todas muy delicadas, absorbentes y estresantes; así pues, involucrarse de lleno en la protección ejecutiva añade a estas actividades otro grado de complejidad que directamente involucra a los máximos líderes de las organizaciones junto con sus escoltas. Para muchos (claro, no para todos), esto resulta abrumador y optan por aplicar la “estrategia del avestruz”, dejando tanto a los ejecutivos y escoltas a su suerte, hasta que algo extraordinario sucede. Afortunadamente, estas situaciones no suceden con frecuencia, pero, cuando pasan, son muy delicadas y ponen en riesgo el trabajo y la reputación del director de seguridad.

Por esto el CSO debe tomar un papel más activo en la protección ejecutiva tanto por su bien como por el bien de nuestra profesión. Resulta pues fundamental que el director de seguridad tenga una sólida formación en protección ejecutiva, la cual le permita implementar un sistema funcional que realmente reduzca los riesgos, aplicando medidas de seguridad como la inteligencia, contrainteligencia, contravigilancia, logística protectora o alerta temprana, y no solamente la implementación de agentes que acompañen al ejecutivo, quienes por sí solos tienen poco alcance.

Al tener la visión y los conocimientos correctos sobre protección ejecutiva, el director de seguridad puede influir adecuadamente en el protegido y, así, aplicar los sistemas de seguridad que son discretos y eficaces, los cuales permiten que nuestra profesión supere la crisis en la que se encuentra y sea más segura tanto para los protegidos como para los protectores.

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Ivan Ivanovich
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