El asesinato de Salvador Llamas; el peligro de hacer las cosas “como siempre se han hecho”.

La manera de operar de la protección ejecutiva tradicional es tan conocida y predecible que podemos decir que si no le “pegan” a un protegido con este esquema operativo es porque no quieren.

Muchas veces hemos comentado con otros compañeros que en el clásico esquema en donde los escoltas están en frente del restaurante durante la comida es suficiente como para poner al asesino entre los comensales, y así ejecutar al cliente indefenso.

Justo esto ocurrió el pasado viernes 21 de octubre cuando Salvador Llamas Urbina, consejero nacional de Morena y jefe de Gabinete Municipal de Puerto Vallarta, fue asesinado este viernes a tiros en el restaurante Sonora Grill de la colonia Providencia, en Guadalajara.

De acuerdo con fuentes oficiales, y en una escena que evoca a la película El padrino, de Francis Ford Coppola, una de las personas que comía con el funcionario se levantó y lo asesinó.

Durante la huida, los agresores fueron enfrentados por los escoltas de Llamas Urbina, lo que derivó en una balacera tanto en el interior como en el exterior del restaurante. Uno de los atacantes fue abatido, así como Fernando Muñoz, ex Comisario de Seguridad de Puerto Vallarta, quien intentó repeler la agresión, mientras que otros cuatro escoltas del funcionario resultaron heridos.

El resto de los agresores escapó, no sin antes dejar tirados poncha llantas en el cruce de Montevideo y Pablo Neruda.

Afuera del Sonora Grill, donde ocurrió el ataque, fueron hallados tres vehículos abandonados, en cuyo interior se encontraron armas, poncha llantas y otros indicios.

No ha sido fácil reconstruir los hechos por lo confuso de la información, sin embargo, se puede concluir que el ejecutivo contaba con al menos cinco escoltas (cuatro que, como ya se mencionó, fueron heridos y el que resultó abatido, el capitán Francisco Muñoz, quien intentó repeler el ataque), quienes se encontraban afuera del restaurante, mientras que Llamas comía con su asesino.

Como en otros casos más, se perpetúa el trágico esquema en el cual toda la protección está reducida a los acompañantes armados, enfoque que casi nunca ha dado resultados.

Con no poca especulación, en un caso tan confuso podemos sacar algunas conclusiones:

  1. Napoleón decía que la elección del terreno de batalla lo es todo. Es evidente que el funcionario sabía que corría riesgo por tener tantos escoltas, y también era probable que sabía que la reunión sería tensa y riesgosa, por elegir un privado dentro de un restaurante concurrido, en donde pensó que podría estar seguro con su numeroso grupo de escoltas. Efectivamente, no fue suficiente. Las personas con este tipo riesgos deben realizar sus reuniones en ambientes mucho más controlados.
  2. Como siempre, en estos casos, y más por la arriesgada y atrevida elección del lugar de ataque, se puede asegurar que el funcionario fue seguido por un tiempo prolongado, sin que esto fuera detectado oportunamente, así que, como siempre, no se implementó la contravigilancia.
  3. Los vehículos con armamento y pocha llantas fueron encontrados en el lugar y estaban ahí, sin duda, antes del bien planeado ataque, sin que los protectores se percataran de ello, ya que la alerta temprana no forma parte de las operaciones de la mayoría de los protectores hoy en día.
  4. No se puede asumir que un hotel o restaurante es un lugar seguro, por lo que los protectores no deberían estar solamente afuera. La implementación de agentes sombra (encubiertos) tal vez pudo haber ayudado al actuar de manera sorpresiva contra los agresores si todo lo demás fallaba.

Una vez más, lamentablemente, pudimos darnos cuenta de que un operativo armado y numeroso no es necesariamente eficaz, más bien lo contrario. No faltaron recursos, sino el conocimiento para proteger la vida del funcionario. Conocer la logística protectora, hacer que los protectores operen en un esquema distinto, priorizando la contravigilancia, alerta temprana y la protección no convencional, son factores que hubieran hecho la diferencia. Solo un cambio radical en la manera de operar puede hacer esta profesión más segura tanto para los protegidos como para los protectores.