¿Cuál es la realidad de la protección ejecutiva?

Cuando se plantea reformar cualquier profesión de manera estructural, las resistencias al cambio son tan frecuentes como esperadas. La protección ejecutiva no es la excepción. La creciente tendencia llena de cambios en nuestra profesión, en América Latina, motivada por la evidente inefectividad del sistema tradicional y puesta a prueba en las condiciones de peligro real, es blanco de muchas objeciones por parte de los círculos más dogmáticos.

 

La crítica más frecuente, con la que pretenden acusar, es que algunos conceptos novedosos no concuerdan con lo que ellos llaman la “operación diaria” o la “realidad operativa”. Pero, a modo de contrarréplica, vale preguntar en qué consiste esta famosa “realidad operativa”.

De la misma manera que la vida de un esquimal dista enormemente respecto a la del nativo que habita en la costa, la realidad operativa de la protección ejecutiva será por completo distinta entre países o ciudades; asimismo si se trabaja en una empresa privada o en el sector público; con el ejecutivo o su esposa; si atendemos a un empresario o a sus hijos; en grupo numeroso o si es la misión de un solo agente; en un lugar bélico o en una zona relativamente pacífica, etcétera. Ahora bien, algunos de los factores más importantes para definir la realidad operativa son la visión, los conocimientos y las habilidades de los operadores y de los administradores de la seguridad ejecutiva, lo cual incluye habilidades para dialogar y persuadir al propio ejecutivo.

 

De esta manera, podemos darnos cuenta de que “la realidad” o “la operación diaria “ de la protección ejecutiva no es algo absoluto ni objetivo, sino un conjunto de experiencias meramente personales que, si bien son frecuentes en alguna región, de ninguna manera pueden tener un carácter general, universal o mucho menos dogmático, como algunos pretenden.

En consecuencia, si alguien señala que alguna de las medidas de la protección moderna no concuerda con la “realidad”, solamente significa que esta medida está fuera de la visión, la experiencia, el conocimiento y la habilidad del declarante, mas no implica que ésta sea realmente inviable en la operación. En efecto, la protección moderna, como cualquier otra innovación, justamente busca plantear otra realidad operativa distinta de aquella hasta entonces conocida. Este es el significado de romper paradigmas y evolucionar.

 

En nuestro caso particular, después de 27 años de trabajo operativo, 20 de ellos en México, las experiencias operativas distan mucho respecto a las de la mayoría de nuestros colegas, sin embargo, no por esto son menos “reales”.

Como ya lo comentamos, se debe a la aplicación de distintas visiones y metodologías, por lo que hemos decidido reunir estas experiencias, junto con muchos ejemplos de la operación real, en el libro Protección Ejecutiva en el Siglo XXI: la Nueva Doctrina, para compartirlas con nuestros colegas. Nuestra propuesta en el libro es un intento que ofrece otras alternativas ante los graves y múltiples problemas que sufre la protección ejecutiva tradicional.

 

Si bien es cierto que la llamada “realidad operativa” es algo meramente subjetivo, los datos duros, junto con los hechos recientes, son bastante objetivos, ya que demuestran que la protección ejecutiva tradicional, basada en esta “realidad operativa“ antigua, prácticamente resultó ser un fracaso cada vez que fue puesta a prueba. Por lo tanto, resulta fundamental y urgente cambiar estos viejos conceptos de operación para salvar la vida de los ejecutivos, de los protectores y la de los ciudadanos en general.