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Escoltas armados en eventos públicos

Me considero escéptico en cuanto al uso de armas en la protección ejecutiva, no porque piense que no sirvan, sino porque su limitada efectividad está sobredimensionada y, a menudo, generan más problemas que soluciones.

Ejemplo de ello son dos casos ocurridos en menos de un mes: uno en Argentina y otro en México. El primero de ellos ocurrió el 14 de noviembre pasado, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, durante un acto político del economista Javier Milei, cuando un agente de seguridad amenazó con sacar su arma en contra del público. El otro tuvo lugar el 5 de diciembre de este mismo año, durante el concierto del Grupo Codiciado, en Mexicali, Baja California, en donde un escolta disparó su arma después de alegar con un fan y golpearlo, cuando este buscaba tomarse una fotografía con Erick Aragón, vocalista del grupo.

Afortunadamente, en ambos casos, no ocurrió una tragedia; sin embargo, se ha generado una mala imagen, no solo para las personalidades que estos agentes protegían, sino para todos los profesionales quienes nos desempeñamos en esta noble actividad. Imagen que, por otro lado, ya venía golpeada por varios escándalos en las redes sociales durante los últimos años.

Muchos colegas me comentan que es mejor portar un arma para que sea usada “cuando se necesite”, pero el gran problema es cómo podemos ver y cómo podemos saber cuándo se necesita realmente, pues, para esto, se requiere de una sólida formación profesional. Lamentablemente, muchos de los protectores están formados con los cursos que se basan más en las películas de acción que en la realidad, “entrenamientos” en donde se presenta al arma como la única solución a todos los problemas que puedan surgir. Los tristes resultados de esta capacitación son evidentes en estos dos casos.

El entrenamiento en protección ejecutiva debe ser regido por la regla 45-45-10; es decir, 45 % del tiempo de entrenamiento debe estar enfocado en dominar los conocimientos y habilidades que se utilizan en el trabajo diario de un protector; otro 45 % debe estar centrado en dominar aquellas estrategias y prácticas que nos permitan evitar situaciones de riesgo, mientras que el 10 % restante se debe emplear en el manejo de emergencias.

Los protegidos, particularmente aquellos que son figuras públicas, deben tener en cuenta qué clase de formación tienen sus protectores, si realmente valoran su imagen, su situación legal, así como su integridad física.

Protección ejecutiva, de funcionarios y celebridades… Evolucionando al concepto de CIRM

El protegido como jefe de escoltas, un gran riesgo en la seguridad ejecutiva.

Uno de los problemas más frecuentes y difíciles para todos los que trabajamos en la protección a ejecutivos es, sin duda, el hecho de que la mayoría de los protegidos asumen dos roles distintos a la vez: el que les corresponde naturalmente como protegidos, y otro, que no les corresponde, como jefes de su propia escolta.

 

Es importante señalar que el ejecutivo, en la mayoría de los casos, no está capacitado para ninguno de los dos papeles; ni para el de protegido ni mucho menos para el de jefe de escoltas que, con frecuencia, intenta usurpar. Sobra decir que el hecho de ejercer una actividad, pero sin tener las competencias pertinentes en una profesión peligrosa, implica un riesgo latente y constante que ya costó tanto vidas de muchos escoltas como de protegidos.

Los ejecutivos, por lo general, ocupan un lugar jerárquico muy elevado dentro de sus organizaciones; están acostumbrados a dar órdenes y se les hace fácil empezar a dirigir a sus agentes de protección sin tener conocimientos para hacerlo, inclusive piensan que no se necesita conocimiento alguno para ello. Por otro lado, en la mayoría de las veces, los escoltas y los responsables de servicio de protección no se atreven a contradecir a los ejecutivos por el justificado temor de perder sus trabajos o de perder al cliente, si se trata de una empresa de seguridad que proporciona el servicio de protección. De tal suerte que dejan que el usuario “juegue” con su equipo de seguridad, poniendo en peligro su vida y la vida de sus escoltas.

 

Los usuarios, con frecuencia, señalan a los escoltas la distancia a la que ellos consideran que los protectores deben de estar en diferentes situaciones; mandan a los escoltas con todo y vehículo a realizar diferentes tareas mientras ellos están en un restaurante; dividen al equipo de protección ordenando al chofer que realice unas actividades mientras le ordenan al escolta que haga otras; mandan a los protectores a descansar y los dejan “francos” antes de que terminen sus actividades, o los mandan a cuidar a sus amigos o familiares. Todas estas impertinencias han sido la causa de varios atentados y secuestros.

El ejemplo más reciente es el secuestro del candidato a la alcaldía de Uruapan, Michoacán, Omar Plancarte Hernández, ocurrido en mayo de este año, quien fue privado de su libertad por un comando de delincuentes. A pesar de que contaba con un numeroso grupo de escoltas, estos, sin embargo, no lo estaban acompañando, ya que él les había ordenado que se fueran a atender a su esposa. Este es solamente un ejemplo de muchos en donde los ejecutivos se ponen en un grave peligro e inclusive pierden la vida por “jugar” a ser jefes de su propia escolta.

 

Imagínense que el protegido es dueño de una aerolínea y que por el simple hecho de ser el propietario se sube a un avión y, sin estar capacitado, entra en la cabina y asume el rol de capitán. Afortunadamente esto no sucede, y tampoco lo permitirían los pilotos, ya que es un riesgo para la vida de todos.

Ahora bien, si en la protección ejecutiva de la misma manera peligra la vida de todos los involucrados, ¿por qué los ejecutivos toman estas actitudes, mismas que no se les ocurrirían retomando el ejemplo del avión o inclusive si ponemos de ejemplo otro tipo de profesión?

Antes que nada, el ejecutivo, por lo general, está influenciado por dos falacias:

 

La primera: En la protección ejecutiva no se requiere de ningún tipo de conocimiento especializado más que saber golpear y disparar. Así que el ejecutivo puede mandar a su escolta conforme le plazca.

 

La segunda: Para tener protección es suficiente contar con un par de agentes armados sin alguna estructura o protocolo.

 

Por otro lado, los escoltas, administradores de seguridad, así como los empresarios de protección, no se oponen (como lo sí haría un piloto) a los caprichos del ejecutivo, a veces por ignorancia, pero, en la mayoría de los casos, por el temor de quedarse sin empleo (o sin su ganancia, en el caso de un empresario de seguridad). El resultado de todo este caos son escoltas muertos o heridos y ejecutivos secuestrados o asesinados, a veces hasta por sus propios protectores, como ocurrió en el caso del empresario mexicano Adolfo Lagos.

El primer paso para salir de esta crisis lo deben tomar los administradores de seguridad corporativa, al igual que los empresarios de seguridad que protegen a los clientes de forma particular.

 

En mi experiencia, los ejecutivos, por lo general, son personas inteligentes y capaces que entienden razones. Con los demás ni vale la pena trabajar. Después de un estudio de seguridad bien hecho, y con los fundamentos necesarios y bien presentados donde se explica con claridad el alcance del servicio y su lugar dentro del mismo, estarán dispuestos a colaborar. Este proceso está explicado a detalle en el libro Protección Ejecutiva en el Siglo XXI: La Nueva Doctrina.

 

De la misma manera que una persona necesita capacitación para convertirse en un escolta, un ejecutivo también necesita capacitación para convertirse en un protegido. De la misma forma en que una persona sin capacitación trabajando como protector es un riesgo, un ejecutivo sin capacitación que recibe protección es un peligro para sí mismo y para todo su equipo de seguridad, al igual que para su familia.

 

Es por esto que una estructura operativa bien desarrollada, escoltas y administradores de seguridad bien capacitados y un ejecutivo bien concientizado son la clave para una protección ejecutiva exitosa.

El azar no puede seguir siendo el fundamento de la Protección Ejecutiva.

La Protección Ejecutiva es una profesión que ha estado llevando un desarrollo poco racional. A lo largo de las décadas, esta actividad se ha enfocado en elevar su capacidad de respuesta ante un ataque, lo que, de acuerdo con los hechos, resulta totalmente ilógico. Al analizar los magnicidios, atentados y secuestros, cometidos en el siglo XX y lo que va del XXI, por ejemplo, los atacantes tuvieron éxito en casi todos los casos. Como consecuencia, los protegidos resultaron muertos, heridos o privados de su libertad. Tenemos inclusive algunos ejemplos donde una sola persona con solamente un arma logró derrotar a los servicios de seguridad más afamados del mundo: el Servicio Secreto de Estados Unidos y la seguridad israelí, en los atentados contra Ronald Reagan y Yitzhak Rabin, respectivamente. Sobra mencionar los atentados y secuestros que ocurren en América Latina con nutridos comandos de sicarios y armas de alto poder.

Ante tal fenómeno, cabe preguntarse el porqué de su existencia. A parte del factor sorpresa con que cuentan los criminales, así como la ventaja numérica y estratégica que buscan, los protectores, debido al impacto psicológico y fisiológico que sufren en esos momentos, difícilmente pueden concretar un pensamiento organizado y contundente que derive en acciones certeras, independientemente de lo entrenados que estén. Si bien no es imposible que el desempeño del cuerpo de seguridad sea el adecuado bajo situaciones de alto impacto, no se puede dejar a la probabilidad su actuación. Por tanto, el azar no puede ser el fundamento de una profesión tan importante como la Protección Ejecutiva.

Para alguien sorprendido bajo fuego, las posibilidades de sobrevivir oscilan entre mínimas y nulas. Entonces, ¿por qué seguir invirtiendo tiempo y dinero en sostener un modelo de trabajo peligroso, que históricamente no ha dado un buen resultado? Al estudiar los ataques, siempre se reconocen, por lo menos, tres fases de operación ejecutadas por los criminales:

  • Recolección de información sobre la víctima.
  • Vigilancia y seguimiento de la misma (puede durar varios meses).
  • Instalación de los agresores en el punto de espera antes de ataque (como vimos en el caso del atentado contra Omar García, puede ser con varias horas de anticipación).

 

Frente a este tipo de eventualidades, anticiparse será siempre la mejor estrategia: en lugar de esperar las agresiones, estadio pasivo donde nuestras oportunidades son mínimas, es mucho más fácil y seguro interceptar el ataque en su fase de preparación. Es relativamente “simple” detectar la vigilancia hostil que dura varios meses, y, así, desarticular el ataque antes de que suceda. De tener éxito, los agresores pueden ser fácilmente sorprendidos en el lugar donde esperan antes del ataque, anulando, de esta manera, sus acciones con anticipación. Es importante señalar que para esto se necesitan cambios de estrategia y grupos especializados en contravigilancia y alerta temprana.

Los criminales actúan con astucia e inteligencia: tratan de atacarnos donde estamos más vulnerables y cuando más lo estamos. Entonces, ¿por qué seguir su juego apostando por la reacción, cuando podemos sorprenderlos mucho antes, en el momento en que ellos están desprotegidos?

 

Un cambio radical en la manera de operar es necesario para que, con medidas simples, eficaces y discretas, protejamos las vidas de los ejecutivos, escoltas y ciudadanos. Ante las amenazas actuales, no necesitamos un operativo más fuerte sino uno más inteligente.

Drones: amenaza emergente en la Protección Ejecutiva.

A principios de noviembre de este año, el primer ministro iraquí, Mustafa Al-Kadhimi, salió ileso de un ataque cuando un dron cargado con explosivos impactó contra su residencia, en una zona de alta seguridad en Bagdad, Iraq, donde seis de sus escoltas resultaron heridos.

 

Si tomamos en cuenta que los grupos del crimen organizado en nuestro país ya están usando drones en sus enfrentamientos, es solo cuestión de tiempo para que estos artefactos sean utilizados en contra de algún ejecutivo en México.

 

Por esta razón, los especialistas en protección ejecutiva, de acuerdo con el estudio de riesgo para cada caso, deben considerar a los drones como una amenaza seria y buscar los mejores métodos para contrarrestarla.

Estas medidas van desde las redes contra drones, láser para derribarlos, el uso de águilas entrenadas y hasta sofisticados sistemas de inhibidores de uso exclusivo de las fuerzas federales, los cuales tienen un costo sumamente elevado.

 

Es importante señalar que, en muchas legislaciones, derribar un dron constituye un delito, y que también en diferentes países algunos dispositivos están restringidos legalmente, por lo que es muy importante tener claridad sobre las condiciones legales y normativas en nuestra zona de operaciones. Sin embargo, está claro que, ante una amenaza en contra de la vida del ejecutivo y la propia, debemos actuar de manera contundente.

Actualmente, las empresas Axis Communications y Dedrone están desarrollando en conjunto soluciones contra drones con plataforma multisensor integrada, que agrega datos de sensores de detección y analíticos de video avanzados, los cuales se alimentan con secuencias generadas por las cámaras de video en combinación con radares. Esta información combinada establece una detección en un área bastante extensa de hasta 5 km y manda una advertencia temprana, incluso antes de que dron despegue, permitiendo la localización visual del artefacto y su mitigación oportuna. Esto permite, a su vez, rastrear la trayectoria de vuelo del dron y revelar la ubicación del piloto, generando registros que se catalogan automáticamente y permiten proporcionar evidencias a las autoridades.

Independientemente del método que queremos usar, de acuerdo con los niveles de riesgo, condiciones legales y recursos económicos disponibles, es muy importante que empecemos a considerar seriamente esta amenaza emergente en nuestra planeación operativa. Muchas de las amenazas que antes se consideraban poco probables llegaron a causar mucho daño por ser desestimadas por los especialistas. Hay que estar un paso adelante y siempre listos para prevenir un primer ataque con drones y no esperar hasta que ocurra un segundo.

Una fuerte cachetada para la seguridad presidencial francesa.

El pasado 8 de junio del 2021, durante una visita a la localidad de Tain-l’Hermitage, ubicada al sureste de Francia, un hombre propinó una bofetada al presidente galo Emmanuel Macron.

No sabemos qué tanto le dolió el golpe al presidente francés, pero, sin duda, les ardió mucho a las agencias de seguridad francesas, particularmente a la Groupe de sécurité de la présidence de la République (GSPR), encargada de la protección presidencial. Más allá del hecho de que este golpe pudo derivar en algo mucho más peligroso (inclusive hasta mortal, utilizando un cuchillo suizo), resulta bastante vergonzoso que el presidente de una de las naciones líderes de Europa y el mundo occidental reciba una agresión de tal manera. Este acontecimiento pone a todas las instituciones de seguridad galas en entredicho, ya que la incapacidad de proteger eficazmente al presidente de su nación puede ser una muy mala señal frente a diversos grupos y organizaciones hostiles.

Este hecho demuestra una vez más qué tan vulnerable puede resultar la seguridad de los altos dignatarios y las celebridades ante la amenaza que representan las multitudes. Lamentablemente, tenemos muchos ejemplos de ataques y atentados ocurridos desde la multitud, como los cometidos en contra del papa Juan Pablo II o el asesinato del excandidato a la presidencia de la república Luis Donaldo Colosio, solo por mencionar algunos.

Para mitigar esta y otras amenazas es fundamental entender que la protección de ejecutivos, dignatarios y celebridades no la conforma una persona ni un grupo de personas armadas, sino un sistema que incluye varios factores y medidas. Los que hemos trabajado en esta profesión, del otro lado de la cortina de hierro, sabemos que, durante las visitas oficiales de los presidentes y los altos funcionarios del Partido Comunista a las ciudades, un amplio trabajo de inteligencia y contrainteligencia se llevaba a cabo desde mucho antes. Los servicios de inteligencia tenían bien ubicados a disidentes y opositores del régimen, los cuales se asilaban o monitoreaban durante la visita para evitar situaciones que podrían haber atentado contra la vida o la imagen del protegido.

 

También los servicios de seguridad tenían mucho cuidado para que los agentes sombra, los no convencionales, de los que se habla en este video, fueran ubicados en las primeras filas donde el presidente tendría contacto con la multitud, así que, frecuentemente, donde se veía al funcionario interactuando con el público, en realidad, solamente tenía contacto con sus agentes de protección. Cuando esto no era posible en todo momento, por las razones operativas y logísticas, los servicios de seguridad se encargaban de que las primeras líneas de interacción fueran mayormente cubiertas por personas y familiares que eran probadamente afines al Partido Comunista o a su ideología. Esto explica por qué los líderes de los países de Europa del Este, durante la Guerra Fría, prácticamente no tuvieron incidentes a pesar del contacto frecuente con las multitudes.

Desde luego que esto es algo que no puede ser empleado tal cual en los países democráticos de hoy día; sin embargo, existen muchos principios de este sistema que pueden aplicarse y que se implementan tanto en el ámbito público como en el privado.

 

A pesar de que muchos llegan a escandalizarse cuando se habla del espionaje de los ciudadanos en los regímenes totalitarios, gracias a las revelaciones de Edward Snowden, ahora sabemos que las agencias gubernamentales de varios países occidentales, a través de nuestros celulares y otros medios electrónicos, logran obtener la información que necesiten de los ciudadanos, algo que ni el Comité para la Seguridad del Estado (la KGB, por sus siglas en ruso) pudo soñar siquiera. Dentro de la información que se obtiene de las personas, se incluye el perfil psicológico, opiniones políticas, geolocalización, red de vínculos, conversaciones privadas, entre otros datos.

 

Así que, se acepte o no, las agencias de seguridad francesas, para tomar las medidas preventivas correspondientes, tenían muchos recursos para determinar quiénes eran las personas que podían poner en cualquier tipo de peligro al mandatario en la zona de operación. Es claro que, si esto falla, la implementación de los agentes sombra infiltrados en las primeras filas es esencial, no solo para frustrar un ataque o reducir la accesibilidad del posible agresor al protegido, sino para recolectar información de inteligencia, conocer la tendencia general de la multitud y perfilar y detectar a los individuos que pudieran representar una amenaza mucho antes de que el protegido llegue al lugar. Los ejemplos de esto en operativos reales se han descrito en el libro Protección Ejecutiva en el Siglo XXI: La Nueva Doctrina.

Tal estrategia, en coordinación y comunicación con los agentes de protección de cerca, es una manera muy efectiva de evitar el ataque antes de que suceda. Claro que para esto se requiere un equipo de protectores especialmente entrenado, del cual careció el presidente francés, evidentemente. Lo único que le quedó fueron los agentes de protección de cerca, los cuales, estadísticamente, fallan la mayoría de las veces que tienen que reaccionar ante un ataque sorpresivo. Al trabajar en la multitud, generalmente el agente debe estar todavía más cerca del protegido; sin embargo, en este caso no había quién protegiera el flanco izquierdo del mandatario, ya que el agente llega demasiado tarde para evitar la agresión que hubiera sido fácil de detectar y frustrar, si el agente hubiera estado en su lugar, cubriendo el flanco debidamente.

 

Finalmente, el propio presidente comete el error de acercarse demasiado al público, comprometiendo su espacio personal y, por consecuencia, derivando en resultados humillantes. Aun siendo presidente, el protegido mismo debe seguir las reglas de seguridad previamente señaladas por su equipo de protección. Por ignorar estas reglas, aunado a una planeación y a una estrategia deficientes, el resultado fue la vergüenza mundial.

La protección ejecutiva, ¿entre saber disparar o saber vender?

Cuando pensamos en las habilidades que debe de tener un protector, lo primero que se nos viene a la mente son los espectaculares cursos de protección ejecutiva en los cuales los participantes emplean armas de todo calibre; hacen toda clase de acrobacias físicas y motorizadas; cargan al ejecutivo de “corbata” mientras corren y disparan a la vez; disparan del vehículo en movimiento y ejecutan todo este repertorio de prácticas sumamente divertidas pero que no se parecen en nada a sus actividades laborales reales. Estamos ante la famosa “Falacia 95”, en la cual los escoltas pasan 95 % de su tiempo capacitándose en técnicas que, 95 % de ellos, no van a utilizar en su vida laboral, y, si lo llegaran a hacer, fallarán en 95 % de los casos.

Por otro lado, los conocimientos y las habilidades esenciales que los protectores usan a diario no se enseñan o se enseñan muy poco. Una de estas habilidades es la “habilidad de venta”. En este momento muchos se quedarán sorprendidos o inclusive molestos, ya que la imagen “común” del escolta es el de un guerrero y no un mercader. Sin embargo, si no entendemos que cada actividad humana implica una labor de venta, en una mayor o menor medida, estamos perdidos. Todos vendemos nuestro trabajo a nuestros clientes, a nuestros jefes, y, en este caso, a nuestros protegidos, por lo que de ello dependerá cómo seremos valorados. Las habilidades de comunicación, persuasión y convencimiento son esenciales en nuestro trabajo.

Hemos escuchado innumerables veces a nuestros compañeros quejarse de lo poco que ganan, de la poca disposición por parte del ejecutivo a invertir en su seguridad o de la carencia del equipo necesario para realizar el trabajo, por ejemplo. Los usuarios de la protección ejecutiva son, por lo general, personas con recursos; nosotros somos testigos de las inversiones que hacen, por millones, en diferentes proyectos. Sin embargo, resulta sorprendente su negativa en invertir siquiera una fracción tanto para su propia seguridad como para la de sus seres queridos. Definitivamente, aquí algo no cuadra. Pero, la respuesta es simple: sí hay recursos, pero no sabemos vender.

Muy probablemente esto pueda molestar a muchos, ya que nos gusta embarcar a otros nuestras responsabilidades y no asumirlas nosotros, pero es justamente lo que no tenemos que hacer, si deseamos que nuestra profesión sea más respetada y mejor pagada. La poca habilidad en “la venta“ es uno de los grandes problemas de la protección ejecutiva actual.

Desde luego, para poder vender algo se necesitan por lo menos dos cosas: un buen producto y las habilidades de venta. Los ejecutivos, en su mayoría, son personas inteligentes, prácticas y hábiles, que entienden y aceptan razones y conceptos bien fundamentados.

El gran problema, por otro lado, es que la protección ejecutiva tradicional es un producto difícil de vender cuando se le ofrece a una persona inteligente. Es decir, por lo general, la protección tradicional y reactiva no se basa en la lógica ni en los datos duros, como lo expliqué en este artículo:

Por lo tanto, es muy difícil vender algo ilógico a alguien racional.

Muchos ejecutivos con los que hemos conversado han llegado a señalar que no quieren invertir ni en más salarios ni en más armas o patrullas, pues dicen que si “van por ellos” lo harán con todo y sus escoltas, y citan, además, varios ejemplos en donde los ejecutivos fueron asesinados o secuestros a pesar de su equipo de seguridad, el cual o no logró reaccionar o no lo hizo adecuadamente. Debemos aceptar, sin embargo, que este es un argumento complicado de rebatir desde el punto de vista tanto histórico como estadístico.

En este mismo sentido, algunos de ellos nos dijeron que emplean principalmente a sus protectores para disuadir los delitos más comunes y “benignos”, por lo que no consideran prudente hacer una inversión más seria. Otros, a su vez, prefieren no utilizar escoltas y optan por un “bajo perfil”, falacia que explicamos en este video:

Desde luego que las actitudes de estos ejecutivos resultan peligrosas tanto para ellos como para sus protectores; por tal motivo, necesitamos un nuevo “ producto”, un nuevo concepto de protección que sea claro, lógico, eficaz y soportado por datos duros, a la vez que sea fácil de entender y con un claro concepto de costo /beneficio aceptable para el ejecutivo. Lo anterior está explicado detalladamente en el libro Protección Ejecutiva en el Siglo XXI: La Nueva Doctrina.

Una vez que dominemos este concepto tenemos que capacitarnos en diferentes técnicas de persuasión, convencimiento y otros métodos relacionados con nuestras habilidades para vender y negociar con nuestro cliente los cuales, al ser personas capaces y razonables, después de una buena negociación, siempre terminan aceptando los conceptos bien fundamentados.

Por supuesto, siempre existen usuarios necios e irracionales, quienes, muchas veces, llegan a ser hasta groseros; sin embargo, en nuestra experiencia, representan una minoría con la cual es mejor no trabajar, si deseamos conservar nuestra reputación.

Nuestra capacitación debe estar enfocada cada vez más en los conocimientos y en las habilidades que realmente usamos a diario y que son fundamentales para brindar eficazmente un servicio más profesional, siempre con el objetivo de convertir a la protección ejecutiva en una profesión más respetada y mejor pagada.

Contravigilancia en la Protección Ejecutiva: lo más importante pero lo menos usado.

Hace varios meses escribí un artículo sobre la inexistente estructura de prevención en la protección ejecutiva, haciendo particular énfasis en la ausencia de la contravigilancia en las operaciones diarias, a lo que algunos colegas me comentaron que la medida de contravigilancia es un método conocido en México desde hace muchos años. Por supuesto, jamás dije que yo “inventé” la contravigilancia, ni que sea algo desconocido para los profesionales; pero, insisto, es un método casi totalmente fuera de uso en la gran mayoría de los grupos de seguridad que actualmente operan.

Los lamentables atentados ocurridos últimamente en la Ciudad de México me están dando la razón. En los ataques a la casa de Norberto Rivera en 2018, al Secretario de la Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, en 2020 y en el más reciente atentado en contra el empresario restaurantero Eduardo Beaven, en las inmediaciones del aeropuerto capitalino, las investigaciones posteriores han demostrado que las víctimas fueron objetos de vigilancia hostil por parte de los criminales meses antes de la agresión, sin que hayan sido detectados oportunamente.

Como bien sabemos, el ataque a un ejecutivo dura solo unos instantes, pero la preparación para este ataque implica la observación y el seguimiento prolongado en contra de la víctima por parte de los delincuentes, proceso que, como pudimos ver, puede durar meses. La contravigilancia detecta y desactiva el ataque en esta temprana fase de observación sin exponer al protegido a los riesgos y a la incertidumbre que implica la reacción.

Si hubiera existido un sistema estructurado de contravigilancia en los casos mencionados, los especialistas en esta técnica hubieran detectado la presencia de los delincuentes y desactivado el ataque meses antes de ser ejecutado, evitando, así, pérdidas humanas. Estas técnicas los explicamos con ejemplos reales en el libro Protección Ejecutiva en el Siglo XXI, La Nueva Doctrina.

¿Qué más tiene que pasar para que dejemos las peligrosas fantasías de armas y reacción y traslademos el peso operativo en la protección ejecutiva hacía los métodos de contravigilancia y alerta temprana para así evitar la pérdida de vidas tanto de los protegidos como de sus protectores?

Capacitación en protección ejecutiva; un parque de diversiones.

La capacitación en protección ejecutiva podría ser, sin duda, considerada una actividad posmoderna, ya que en ella la fantasía y la imaginación prevalecen por encima de la realidad. Esta profesión es, también, probablemente la única en donde los protectores son entrenados en algo que quizá nunca van a emplear en su vida laboral, mientras que las cosas que se realizan, o se deben de realizar a diario, no forman parte de un currículum de estudios en la mayoría de las instituciones de capacitación.

Decimos que el entrenamiento de los escoltas es dominado por la “Falacia 95”, donde el 95 % del tiempo de la capacitación es dedicado a actividades que el 95 % de los operadores nunca van a realizar en su vida, y, si lo llegan a hacer, van a fallar en el 95 % de los casos, independientemente de su nivel de preparación.

El mercado de capacitación de esta disciplina se ha convertido en un parque de diversiones. Los cursos de entrenamiento para escoltas son, por lo general, espectaculares: Se dispara todo tipo de armas, a veces desde vehículos en movimiento o cargando al principal; se hacen maniobras corporales y motorizadas de toda clase; hay choques y, a veces, hasta se queman vehículos; se dan “karatazos”, o bien se simulan rescates y escenas que ni Hollywood ha logrado recrear. La regla es simple: mientras más espectáculo más venta.

Por supuesto que todos disfrutamos mucho de estos eventos; sin embargo, la protección ejecutiva no es Disneyland para los agentes de seguridad, sino una profesión demasiado seria donde en todo momento se pone en juego la vida de los ejecutivos, los escoltas y ciudadanos en general.

Este tipo de capacitación no solo no es de mucha ayuda en la operación, ya que las medidas ahí enseñadas tienen una eficacia en condiciones reales del 5 % solamente, sino también parcialmente dañino, ya que en muchas ocasiones lleva al fracaso. Esto, antes que nada, por favorecer un enfoque reactivo al reducir la estrategia a solamente estar esperando una emboscada para reaccionar, en donde las probabilidades de los protectores son mínimas o nulas.

Por otro lado, el “parque de diversiones” se convierte en la respuesta única ante todo tipo de situaciones, lo que ha generado grandes daños y también ha cobrado vidas. El famoso escolta de la cantante Lucero sacó su arma contra los periodistas, generando un gran escándalo. Fue “crucificado” en los medios de comunicación, pero no toda la culpa fue de él. Si le fue enseñado que su única herramienta es el arma, sin enseñarle otros métodos, lo único que utilizará ante cualquier tipo de situación adversa es el arma.

El chofer armado de Adolfo Lagos mató involuntariamente a su protegido al defenderlo de un asalto, al disparar mientras manejaba. Esta acción sale muy bien en el “parque de diversiones”, pero, en la vida real, resultó trágico. Algo semejante ocurrió durante el asalto al escolta de Sergio “Checo” Pérez, donde un protector resultó gravemente herido.

Con esta capacitación, el hacer espectáculo en la vida real se vuelve algo aspiracional para el protector, quien a veces busca y hasta provoca este tipo de eventos para que se llegue a la situación con la que fantasea durante la capacitación, solamente que, en la realidad, el género de la película cambia de un exitoso thriller a una gran tragedia.

Por supuesto que no quiero decir que este tipo de entrenamiento no sirve, o que no debe ser implementado. Está claro que el protector debe de conocer las medidas reactivas de la misma manera que un piloto practica cómo lidiar con varias emergencias en un simulador. El gran problema es que la protección ejecutiva no son ni deben ser las emergencias, sino más bien cómo evitarlas.

Es por esto que la capacitación en protección ejecutiva debe ser dominada por la regla 45-45-10; es decir, 45 % del tiempo de capacitación debe ser enfocado a dominar los conocimientos y habilidades que se utilizan en el trabajo diario de un protector, otro 45 % debe ser enfocado en dominar las estrategias y prácticas que nos permiten evitar las situaciones de riesgo, mientras que el 10 % restantes se debe enfocar en manejar las emergencias. Solamente así podemos lograr una profesión más segura tanto para los ejecutivos como para los protectores.

Los tres grandes problemas de la disuasión en la Protección Ejecutiva.

La disuasión, sin duda, fue uno de los pilares de la protección ejecutiva tradicional. Armas, patrullas y numerosos agentes intimidantes tenían como objetivo desalentar a cualquier persona o grupo hostil que pudiera representar una amenaza para el protegido. Sin embargo, como la mayoría de las medidas que se usaban anteriormente en nuestra profesión, ésta también fue sobreestimada. Cabe aclarar que nadie pone en tela de juicio que la disuasión tiene sus ventajas, pero, en nuestro trabajo, al día de hoy, tiene, por lo menos, tres grandes problemas:

1. Alcance limitado, cuestionable y difícil de cuantificar. En palabras de Olivera Ćirković, exintegrante de la famosa banda internacional los Pink Panthers, la disuasión puede desalentar a los delincuentes de poca monta, pero no a los grupos organizados y bien estructurados, si estos consideran que el objetivo vale correr el riesgo. Dieciocho escoltas armados no lograron disuadir a los gatilleros y evitar el asesinato de Luis Carlos Galán, candidato presidencial de Colombia. De la misma manera, ni todo el Servicio Secreto de los EE. UU. logró disuadir a John Hinckley de atentar contra la vida de Ronald Reagan; al igual que la seguridad israelí no desalentó a Yigal Amir de asesinar al primer ministro Yitzhak Rabin. Así que no solo los grupos organizados; también los individuos decididos no siempre se desaniman por el espectáculo de la disuasión.

2. La imagen del ejecutivo en la era digital. La revolución digital y la creciente influencia de las redes sociales hicieron que los ejecutivos de hoy empezaran a rechazar la clásica parafernalia de los agentes trajeados con lentes obscuros y actitud amenazante para proteger su imagen ante una sociedad cada vez más horizontal. Lo que antes era un símbolo de estatus ahora se ha convertido en uno de mal gusto.

3. No es un concepto financieramente inteligente. Para disuadir más que al “común” asaltante de transeúntes, se requiere un sistema robusto de por lo menos dos o más gentes, armas, patrullas y equipo específico, lo cual implica un costo elevado, pero, como ya dijimos, sus alcances son muy limitados y difíciles de cuantificar. Si a esto le agregamos el hecho de que las armas y la reacción en la protección ejecutiva tienen un alcance de solamente el 5 % en condiciones reales, utilizar este tipo de medida conlleva una desventaja al considerar su costo/beneficio, por lo que cada vez más ejecutivos rechazan su implementación.

Por supuesto, si se va a utilizar la disuasión o no, y en qué medida, depende de un estudio de riesgo específico para cada caso. Aquí, en términos generales, queremos señalar las ventajas y desventajas de dicho concepto para ayudar a los profesionales a diseñar sus operaciones. Sin embargo, las técnicas como inteligencia, contravigilancia y alerta temprana, siempre serán soluciones mucho más eficaces, más discretas y, por supuesto, más económicas.

Atentado en el Aeropuerto: Son vehículos blindados y no balaceras la base de la seguridad en los traslados.

No ha pasado ni un mes desde que se desató una balacera durante un intento de robo de vehículo en la zona de Santa Fe, en la Ciudad de México, donde resultó gravemente herido un escolta al repeler la agresión desde su vehículo (sin blindar), cuando ya se ha producido otro lamentable caso muy similar.

Este viernes 15 de octubre, dos hombres a bordo de una motocicleta atacaron a balazos a una camioneta de lujo, igualmente sin blindar, en donde iba como pasajero el empresario Eduardo Beaven, dueño de una cadena de restaurantes, quien, junto con su escolta, resultó herido y fue trasladado a un hospital de la zona de Observatorio. La unidad recibió varios impactos de bala, mientras que la motocicleta usada por los asaltantes quedó severamente dañada luego de haber sido arrastrada varios metros sobre el asfalto.

Esta vez el conductor, utilizando el vehículo como arma defensiva, atropelló y arrastró a los agresores por la glorieta de la terminal número 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Uno de los delincuentes perdió la vida minutos después de haber sido ingresado al hospital por las lesiones ocasionadas durante el intento de asalto, los otros sujetos que lograron huir son buscados por los agentes de la Secretaria de Seguridad de la Ciudad de México. Tanto el empresario como su escolta se encuentran estables luego del percance.

Los reportes periodísticos señalan también que la agresión fue repelida con arma de fuego desde el vehículo agredido.

Esta vez el conductor, utilizando el vehículo como arma defensiva, atropelló y arrastró a los agresores por la glorieta de la terminal número 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Uno de los delincuentes perdió la vida minutos después de haber sido ingresado al hospital por las lesiones ocasionadas durante el intento de asalto, los otros sujetos que lograron huir son buscados por los agentes de la Secretaria de Seguridad de la Ciudad de México. Tanto el empresario como su escolta se encuentran estables luego del percance.

Los reportes periodísticos señalan también que la agresión fue repelida con arma de fuego desde el vehículo agredido.

 

De esta lamentable situación podemos sacar dos conclusiones:

  1. La mejor arma de la que dispone un chofer de seguridad, debidamente entrenado, es su vehículo.
  2. Para reducir los riesgos de un asalto o un atentado, el vehículo blindado es una herramienta esencial que no puede ser sustituida por un arma de fuego que, en un vehículo sin blindar, puede generar más problemas que soluciones, como lo hemos visto en otros casos de asalto; tales ejemplos son las agresiones en contra del escolta de Sergio “Checo” Pérez, o al igual que en las recientes balaceras en Santa Fe y en el Aeropuerto.

La protección ejecutiva es un proceso de planeación y logística con el objetivo de reducir la exposición del usuario al riesgo, mas no de exponerlo a las balaceras, a veces, gratuitas en donde su vida está en juego. Cada herramienta en la protección ejecutiva tiene su razón de ser dentro del esquema operativo y no podemos usar una para sustituir a la otra o para intentar economizar recursos, lo que muchas veces se hace al intentar sustituir un vehículo blindado con un agente armado.

Solo la combinación adecuada de diferentes herramientas puede reducir los riesgos a un nivel óptimo dentro de un esquema de protección ejecutiva.