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Executive Protection Academy

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Asaltan y le quitan las armas a los escoltas del hijo de la Presidenta de Perú

El lunes 8 de enero, alrededor de las 22:30, en la ciudad de Lima, Perú, tres delincuentes asaltaron a dos policías que trabajaban como escoltas del hijo de la presidenta peruana, Dina Boluarte, mientras resguardaban su vivienda.

Según el ministro del Interior de Perú, Víctor Torres, los dos policías “se encontraban semidormidos” en el vehículo estacionado afuera de la vivienda del hijo de Boluarte.

 

Varios videos de las cámaras de seguridad difundidos por medios locales muestran que el automóvil de los escoltas estaba estacionado cuando otro vehículo se detuvo a su lado. Una persona aparentemente armada descendió del coche y asaltó a los escoltas, despojándolos de sus armas reglamentarias, así como de sus celulares, un reloj, documentos y tarjetas personales. Posteriormente, los asaltantes huyeron en dirección desconocida.

No hace falta ser experto en Protección Ejecutiva para darse cuenta de los graves errores cometidos por los protectores en este caso. La regla más básica de la seguridad personal es no permanecer sentado en un vehículo estacionado, y mucho menos estando dormido. Una gran cantidad de robos y asaltos ocurren a personas que se encuentran en esta posición, lo que la convierte estadísticamente en una de las más peligrosas en todo el mundo. No solo los escoltas carecían de las técnicas de protección ejecutiva, sino que también carecían de los conocimientos más básicos de seguridad personal.

Por supuesto, este ataque no fue una casualidad. Los delincuentes observaron a los escoltas durante varios días o tal vez meses antes del asalto sin que ellos se dieran cuenta, analizaron sus comportamientos, hábitos y seguramente se dieron cuenta de que tenían la tendencia a estar “semidormidos” al resguardar al hijo de la presidenta.

Uno de los errores frecuentes y graves de los protectores es reunirse y conversar una vez que han dejado al ejecutivo en su destino, ignorando por completo sus tareas esenciales. Durante el tiempo de espera, los protectores deben establecer puntos de observación con la debida separación entre ellos, según las circunstancias operativas, realizando la identificación de posibles amenazas, disuadiendo, tratando de detectar la vigilancia hostil, etc. Estar juntos y conversando aumenta exponencialmente los riesgos, pero estar dormidos en un vehículo es la mayor falta de profesionalismo.

Lamentablemente, este no es el primer caso de este tipo. El 6 de agosto, las armas de los escoltas del presidente de Guatemala también fueron robadas, y ha habido varios casos en distintos países de América Latina donde asaltaron e incluso mataron a los escoltas para quitarles las armas. Esto es solo una de las varias formas en las que el uso de armas de fuego puede aumentar los riesgos en lugar de reducirlos en la Protección Ejecutiva.

En este caso en particular, es importante destacar que los protectores eran policías asignados a tareas de Protección Ejecutiva, lo cual es un error tan grave como frecuente. Hemos visto los lamentables resultados de estos esquemas en el asesinato de Fernando Villavicencio en Ecuador, por mencionar solo un ejemplo. Existe una falacia muy extendida de que la Protección Ejecutiva puede ser practicada por cualquier policía o militar. Esta falacia está cobrando muchas vidas. La protección ejecutiva es una profesión sui generis que tiene su propia metodología y doctrina especializada con habilidades y conocimientos específicos. Aceptar esta realidad y formar a los protectores de acuerdo a ella hará que nuestra profesión sea mucho más valorada y, lo más importante, mucho más segura.

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